Cuando una persona llega a terapia, establezco unas primeras sesiones para poder clarificar el motivo de consulta, entender el contexto y valorar la posibilidad de establecer un trabajo conjunto.
Mi enfoque terapéutico se sustenta en la corriente psicodinámica, psicoanalítica y sobre todo en el marco relacional.
Es por ello, que el malestar será abordado dentro de la individualidad de cada historia, las dinámicas intra familiares y las relaciones de apego tempranas.
Desde el marco relacional, será esencial establecer una alianza terapéutica suficientemente buena con el fin de generar un espacio sano, seguro y respetuoso que nos permita ir tejiendo un camino, una narrativa y abriendo puertas hacia nuevos lugares.
Mi nombre es Florencia Poy Carulli.
Soy Psicóloga por la Universidad Autónoma de Madrid.
Psicopedagoga por la Universidad Nacional de Educación a Distancia.
Colegiada en el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid (M-21048).
Psicologa general sanitaria.
Psicoterapeuta Psicodinámica y Psicoanalitica, formada en diferentes escuelas de prestigio: la Sociedad Española para la Psicoterapia del Niño y Adolescente (SEPYPNA), Instituto Quipú de Psicoterapia y actualmente el Instituto de Psicoterapia Ágora Relacional.
Trabajé en la Universidad Francisco de Vitoria durante ocho años en el Gabinete Psicopedagogico atendiendo a los alumnos de diferentes Grados y ofreciendo apoyo psicológico, emocional y psicopedagógico.
Colaboré con la universidad CES Don Bosco como docente, así como en el Instituto Psiquiátrico Montreal en la unidad infanto-juvenil.
He compaginado a lo largo de los años el trabajo en diferentes instituciones con la práctica privada de la profesión en consulta, a la que hoy en día me dedico de lleno.
Actualmente soy docente en el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid en el Experto en Psicodiagnóstico a través de Pruebas Proyectivas impartiendo la prueba Gráfica de la Familia y la prueba Verbal: el Cuestionario Desiderativo.
Supervisora clínica de psicólogos y psicoterapeutas infanto-juveniles y de adultos.











Depende de cada caso y del deseo de cada persona.
En general a la terapia hay que darle tiempo si perseguimos revisar dinámicas profundas.
Así mismo, desde el principio se espera se vaya produciendo alivio, contención y sensación de mejora.
Normalmente la frecuencia se establece en una vez en semana, aunque depende de cada caso.
Hay veces, que por las necesidades particulares de la persona se plantea una frecuencia quincenal y en otras ocasiones resulta necesario establecer una frecuencia mayor.
Es una pregunta que no tiene una única respuesta.
Normalmente la petición de iniciar un proceso de terapia viene traída del deseo por parte del paciente de atender a un sufrimiento que pueda estar aconteciendo en su momento actual.
Dicho sufrimiento puede tener que ver con un sufrimiento en el entorno profesional, con la pareja, con la familia de origen, los hijos o un cambio de etapa. Puede ser una pérdida, un momento de duelo o crisis vital.
Los síntomas más habituales que pueden aparecer en el adulto que decide iniciar terapia suelen ser: ansiedad, tristeza, rabia, falta de ilusión, desmotivación, crisis vitales.
Si bien podemos hablar de síntomas comunes y generales que pueden atravesar diferentes personas, ninguna historia es igual a la otra.
Así mismo, la persona puede desear iniciar un proceso de terapia sin tener un problema manifiesto, sino tan solo como manera de tener un lugar donde pensarse y conocerse mejor.
Haber pasado o pasar por terapia implica madurez, independencia, regulación emocional.
Un proceso de terapia permite afrontar ciertas situaciones difíciles con mayor aplomo, sin tanto sufrimiento.
Realizar terapia nos vuelve más sensibles a escucharnos, a darnos un buen lugar en el mundo.
Nos abre la mirada con nosotros mismos y con los demás.
Cada proceso terapéutico comienza con un primer encuentro donde poder comprender la situación y valorar el tipo de acompañamiento más adecuado.
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